La Cazadora de Sueños

Por Clàudia Montiel Solís

En la aventura de nuestras quimeras hoy y siempre


Sentada en la montaña esperaba la llegada de los sueños de él.
Anthony decía que nunca se había enamorado, era un hombre errante de sus sueños, vagaba sin rumbo disfrazando el mundo. Deambulaba en búsqueda de los puentes, subiendo y bajando por ellos  mientras esperaba sin decir nada, una nueva melodía. Compartía su vida sin compartirla, escribía palabras que decían todo y no decían nada. Llenaba páginas y páginas, no podía resistirse a las hojas en blanco. Estas lo llamaban voluptuosamente para que él plasmara la sombra de los secretos de los hombres en ellas.

Wassily Kandinsky. ‘Yellow, blue, red’ 1925
Se le entregaban sin escrúpulos con un erotismo al que se abandonaban hasta quedar extasiadas, inertes entre sus manos; sus manos ávidas de tocarlas, de escribir sobre ellas con un frenesí que no podía controlar. Como un poseso dejaba que esas hojas se llenarán de la tinta de su pluma, de las pinceladas que día a día dejaba sobre ellas.

Las maquillaba con adoración y seducidas, se rendían a él creando una orgía de sensaciones con las maravillosas letras que estallaban en un orgasmo pleno de palabras, envolviendo la música de diferentes lenguas en ellas. Entonces, Anthony las dejaba bailar con su propia cadencia y formaban papalotes, sus movimientos sensuales lo incitaban a seguir el ritmo que ellas, sin que él se hubiera percatado, imprimían en su pluma para formar un pentagrama creando nuevos acordes.

Algunas veces, las guardaba cuidadosamente en su bolsillo y cuando iba a la mar, las dejaba sueltas y formaba con ellas el susurro de las olas en la orilla de la playa  -sin saberlo aún, igual que en sus sueños- . Así que, después de extasiarse con ellas y para ellas, cuando el crepúsculo caía en su pueblo y no había una brizna de sonido en el aire, tomaba el camino a casa.

Wassily Kandinsky. ‘Color study, squares with concentric circles’ 1913

Una mañana en que  los rayos del sol se colaban por la ventana de su habitación se posaron suavemente sobre su rostro, acariciando su boca. Comenzó a despertar y aún sin abrir los ojos, sintió el resplandor de la luz envolviendo su cuerpo. Un cosquilleo en la comisura de sus labios reclamaba su atención. Instintivamente lamió sin pensar la gota de agua que, sin hacer malabares, se mantenía a la expectativa y suplicante esperaba su lengua.

Ella seguía sentada esperando el crepúsculo, donde se volvía ágil y poderosa a que llegaran sus sueños. Con las piernas flexionadas y las manos sobre sus rodillas, comenzó a sentir en la piel el aire que anuncia la llegada de sus quimeras.

En la tranquilidad de la espera observaba los sentimientos de los hombres ascender y descender al vaivén del viento. Su mirada se recreaba en la luna nueva ya que los sueños pueden flotar más ligeros y envolver los suspiros del miedo que portan, enredarlos en una esfera de algodón esmeralda hasta llegar a ella.

Como recolectora de sueños aguardaba su vuelo cuando decidían descender a sus manos para que los engarzara sin dejar de xiuxiuejar

-susurrar-, en el lenguaje de los sueños, mientras le contaban de la justicia que él buscaba, de la templanza con la que dirigía su vida, de su prudencia ante las debilidades de los hombres y de la fortaleza con la que encontraba la solución en los intrincados contextos de los textos.

Wassily Kandinsky. ‘Segment bleu’ 1921

Anthony esperaba la luz del alba sabiendo que sus sueños se transformaban, lo llenaban de luz, de música, de risa y de una voz que repetía su nombre. Descubrió que soñar era la mejor manera para lamer la gota que ella depositaba en sus labios.Después de escuchar los secretos de cada sueño, los envolvía en colores diferentes de acuerdo a su significado. A las pesadillas las dejaba hacer un nido en su corazón, lentamente, al latido acompasado y profundo de éste comenzaban a transformar sus temores. Una a una las pesadillas salían del nido que habían hecho, revoloteaban sobre su rostro mientras le xiuxiuejaven al oído antes de partir. Después de escucharlas y hacerlas bailar, ella las despedía guardando en cada una el timbre de su voz.

Las pesadillas que ella había  transformado, llegaban a él con olor a brisa marina para enredarse en su cuerpo mientras yacía desnudo.

Poco a poco sentía como resbalaban los lastres a los que se sentía atado desde la última vez en que confío que los sueños, como el universo, no tienen límites.

A partir de aquel día, algunas cosas cambiaron para él. En sus paseos por la ciudad los reflejos de las luces lo invitaban a que sus pies corrieran sin nostalgia al doblar en las esquinas. Su paso por los puentes era ahora sin prisas y las piedras de sus muros le empezaron a contar historias.

Wassily Kandinsky. ‘Composition 7’ 1913

Las hojas con sus palabras en movimiento le revelaron el secreto para hacer realidad las fantasías. Comenzó a silbar canciones compartidas, a oler en su piel el aroma a maderas y a leer los libros que lo incitaban a recrearse en ellos. En la cocina creaba los suaves y delicados aromas de los misterios  para compartir en sintonía la risa.

Y entonces se supo enamorado. Soltó las amarras del puerto del miedo y en las velas colocó las palabras creadas con sutiles e imperativos trazos que lo incitaban -revelando las aguas procelosas de su alma-, a observar la dirección del viento y surcar las distancias.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s